Los dos caminos, dos destinos

Este gráfico ilustra los dos caminos y los dos destinos descritos en Mateo 7:13–14.

Todos estamos en uno de dos caminos: el camino ancho o el camino angosto. No hay un camino intermedio. La muerte se encuentra en ambos caminos. Los cuerpos de los creyentes (aquellos que han recibido a Cristo como su Salvador), así como los de los incrédulos (aquellos que no han recibido a Cristo), van a la tumba. El alma del creyente va al cielo, mientras que el alma del incrédulo va al infierno.

En el arrebatamiento, los cuerpos de los creyentes que han muerto serán resucitados, y los creyentes que estén vivos serán transformados. Juntos, serán arrebatados para estar con el Señor en el cielo. Luego comparecerán ante el Tribunal de Cristo, donde sus vidas serán examinadas y recompensadas.

Después de esto, vendrá un período de siete años llamado la Tribulación, durante el cual juicios caerán sobre la tierra, culminando en la batalla de Armagedón. La Tribulación será seguida por el Milenio, cuando Cristo reinará sobre la tierra por mil años.

Al final de este período, los cuerpos de los incrédulos serán resucitados y reunidos con sus almas para comparecer ante el juicio del Gran Trono Blanco. Entonces serán lanzados al lago de fuego para castigo eterno. Después de esto, Dios creará un cielo nuevo y una tierra nueva, que existirán para siempre.

Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

Mateo 7:13-14